Sobre la resiliencia, la tristeza y vivir en paz…

I. Sobre la resiliencia

Recuerdo la primera vez que le presté atención a esta palabra. Hablaba con un amigo sobre una situación muy difícil por la que empezaba a atravesar. Mientras más me decía “se resiliente, aguanta”, más me entraba la curiosidad de si realmente yo poseía alguna de las habilidades que describe esta palabra. Ya hace poco más de un año de esta conversación y y poco menos de un mes en la que pude decir adiós definitivamente a una situación que me venía afectando o más bien que dejé que me afectara por demasiado tiempo. Cuando digo demasiado, no me refiero al tiempo real, pero a que a veces dejamos que situaciones o personas nos afecten muchísimo más de lo que deberíamos, aún si es un día en tiempo real, en temas del corazón, de emociones y sentimientos todo parece un siglo. Durante todo este tiempo aguanté, para lo que muchos sería, demasiado. Pero todos tenemos un limite y un precio incluso….
Siempre he pensado en escoger bien las batallas y en prepararme para enfrentar lo que venga pero, después de todo este tiempo miro hacia atrás y estoy lista para cerrar esa puerta por siempre. Me he probado que soy mucho más resiliente de lo que jamás imaginé. Soporté humillaciones, malos tratos, amenazas, intimidaciones, calumnias y aprendí día a día a contener las lágrimas, pintarme un poco los labios y recibir todo lo que venía con una sonrisa.
Yo estaba clara en mi meta, y no me iba a rendir sin obtener lo que yo entendía me merecía, como mínimo.
Todo tiene un precio, todos, aunque no queramos admitirlo, tenemos un precio ( y no hablo de valor en dinero, puede ser un hijo, un sentimiento..). Sabía que mi limite llegaría en el momento en el que la situación me robara por completo mi paz mental. Ahí ya no era cuestión de ser resilinte, pero inteligente y removerme de la situación antes de que perdiera más de lo que ganara. Día tras día llegaba a ese lugar orando, escuchaba música, escribía, meditaba y contaba los minutos para volver a ser libre. Me tomó muy poco tiempo darme cuenta que la libertad no dependía de donde estuviese físicamente, pero en mi estado mental. Y fue ahí que gane más fuerza… No fue hasta que mi lucha por ser fuerte y resiliente se mezclo con la tristeza que empecé a cuestionarme si todo esto valía la pena y qué más estaba dispuesta a sacrificar.

II. Sobre la tristeza

Me considero una persona feliz. Vivo contenta la mayor parte del tiempo, creo que es algo que viene en mi personalidad. Esto junto con la resiliencia son mis “armas” más poderosas. O por lo menos así lo creo.
Pero hay situaciones que simplemente te hunden y no importa cuanto desees salir sientes que la tristeza te arrastra hacia ella. Te invade, te consume y te paraliza. En los últimos tres años he tenido que enfrentarme a la muerte de cuatro familiares y el milagro de ver a mi mamá escapársele por un centímetro a las garras la muerte. Mi roca, mi columna vertebral se fue repentinamente perdiendo una corta batalla contra el cancer de pancreas, seguida por mi tío abuelo, seguido por un doble derrame cerebral de mi mamá… Los últimos seis meses del 2016 creo que fueron colectivamente duros para todos ( generalmente hablando). La partida repentina de mi primo (que por cosas de edad lo venia más bien como un tío) me hizo sentir una vez más la impotencia y el dolor de estar lejos mientras ves como personas que quieres se desmoronan día a día tratando de agarrarse a la esperanza de que quizás hoy sea el día que nos den una buena noticia. Empiezo a sentir que, cuando se trata del cáncer, entramos a enfrentar esa batalla con cierta desventaja…. Un mes y medio después de la partida de mi primo entraba mi tía a darse la primera ronda de quimio para combatir un enfisema pulmonar convertido en cáncer de mama. Una semana más tarde nos tocaba decir adiós a la persona que siempre había dicho presente para ayudarnos y apoyarnos.
La partida de mi tía nos afectó y nos sigue afectando todos los días no tan solo por lo trágico de su historia pero porque es alguien que extrañaremos por quien era.
Creo que solo la vi llorar dos veces en mi vida (más bien que se le salieran las lágrimas), era una persona de carácter fuerte o eso me parecía cuando era niña. Pero con el pasar de los años aprendí que quienes nos vemos más fuertes por fuera, por dentro solemos ser los más sensibles y quizás sufrimos un poquito más porque aunque nos duele, no lo decimos. De ella me quedo con muchas cosas, pero entre las que más me gustan era su capacidad para amar sin medida y desinteresadamente y decirlo, decirlo siempre; “te amo“. La otra, la capacidad de decir las cosas a la cara, sin miedo, esa es, para mi, una cualidad que solo los valientes poseen.
Aún cuando me enfoco en los buenos recuerdos de todas estas personas, no puedo evitar alguna vez sentirme triste.

III. Sobre vivir en paz

No puedo permitirme empezar el año arrastrando tanto equipaje, creo que nadie debe empezar el año arrastrando nada que le hiera. La tristeza siempre vendrá a visitarnos, porque es inevitable extrañar y recordar con cierta melancolía algo que por ahora no volverá a ser. Solo tenemos que recordarnos que la tristeza viene de visita, y como toda visita debemos encaminarla de vuelta al lugar donde vino. Lejos de nosotros. Invito, sin embargo, a las sonrisas a quedarse. Las mías, las tuyas…
No soy perfecta; Estoy tan lejos de serlo! Debo reconocer que aun en los momentos más oscuros, con todos mis defectos ha sido mi fe en Dios lo que me ha sostenido, lo que me ha dado las fuerzas para seguir mi camino aun cuando solo podía ver el primer escalón de salida.
Una sonrisa sincera, un abrazo, unas palabras con cariño, una mirada de complicidad, una llamada para decir “estoy aquí”, son detalles que parecen tan pequeños pero que les puedo asegurar, cuando estás pasando por momentos difíciles le pueden cambiar el día a cualquiera. Se amable, aun si no estas pasando por un buen momento, puede que la otra persona esté pasándola peor que tu. Sonríe, no cuesta nada! Un abrazo, puede sanar. Tus palabras son armas poderosas, tu decides si las usas para hacer daño o para hacer el bien. Di presente, está presente, vive el presente.… Y no importa cuan duro es el camino siempre piensa en la meta; vivir en paz. Esto es lo único que nadie te puede quitar.

La Señorita Prym 

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